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Retrato de Suni Paz por Calamera

Orgullo Argentino: Suni Paz

Escrito por Rodolfo Spadano   


Lunes, 21 de Agosto de 2006


Durante los días 1, 2 y 3 del mes de Julio 2006, en la ciudad de Washington D.C., capital y sede del gobierno federal, se produjo un acontecimiento que honra no solamente a la persona homenajeada sino a todos los argentinos, especialmente aquellos que vivimos en esta tierra. En esa ocasión, el Instituto Smithsoniano (esa maravillosa institución estadounidense que guarda cosas que por su trascendencia histórica o artística deben ser conservadas y publicadas) premió a una artista argentina con la edición de un CD titulado “Bandera mía. Songs of Argentina”.

El nombre de la artista es Suni Paz, y el CD, compaginado y ejecutado por ella misma, se compone de tangos y folclore clásico (abre con “Tierra querida”, de Atahualpa) e incluye también canciones suyas inéditas, como la que da el título a la obra. Suni no es sólo compositora y poeta, sino que además es una consumada guitarrista y dueña de una voz tan tocante y dulce que alguien la llamó “la Joan Baez Argentina”.

Nacida en pleno corazón de la ciudad de Buenos Aires (Paraguay y Maipú), en el seno de la familia Calandrelli (mezcla de Italia y Cataluña), Suni fue desde muy pequeña expuesta a la influencia de un profundo amor por el arte y la cultura. Su abuelo era médico, pero también un eximio violinista y todos los días, antes de atender a sus pacientes, se inspiraba ejecutando piezas clásicas. Algunos de sus pacientes llegaban temprano a sus citas, para escucharlo. En la casona de sus años infantiles resonaban constantemente los ecos de la buena música, desde los abuelos hasta los niños, por lo que no es extraño que en ese jardín floreciera la que hoy es Suni Paz.


Guitarrista desde los doce años, su primer amor fue el tango (como buena porteña), pero en una de esas reuniones que llamábamos “asaltos” escuchó y conoció personalmente al gran Atahualpa Yupanqui, y el tango pasó a segundo plano. Desde entonces fue folclore, con Atahualpa como un Dios especial en el altar. Radicada en Chile en el año 1960, apareció en varios programas de televisión, incluyendo el semanal titulado: “La hora de Atahualpa Yupanqui”.


Invitaciones para cantar en algunas localidades más pobres y marginadas de Chile, la visión de niños descalzos y morados por el frío, cambió su mensaje y su manera de ver el mundo, lo que la llevó a actuar en conciertos a beneficio de grupos que buscaban una vida mejor para los sectores menos privilegiados. Cuando la situación política en Chile se tornó intolerable, emigró a los Estados Unidos, donde comenzó a trabajar para la Universidad de California en Riverside. Pero el canto empuja de adentro y Suni pronto comenzó a cantar en eventos de escuelas públicas, mientras cursaba la carrera de Literatura. Después de esto vinieron eventos de tono social, como sus actuaciones para Amnistía Internacional, cantándole el drama de los “desaparecidos” en Argentina y por medio del “Teatro Campesino”, apareció en muchas de las concentraciones del líder César Chávez. También su canto estuvo al frente en la lucha por la emancipación de la mujer latinoamericana, en tiempos en que el “feminismo” estaba en pañales. A raíz de estas actuaciones, comenzó a ser conocida como “cantante de protesta”, pero, como ella bien lo dice: “Mi canto no es de protesta, es música con conciencia”. Porque así es Suni, dice las cosas que deben decirse, cuando es necesario decirlas y las dice bien.


En la actualidad, además de actuar en espectáculos de música hispana y de hacer conocer nuestro canto a los Norte Americanos (como en el caso del Instituto Smithsoniano), Suni trabaja cantando y enseñando a los niños y sus familias (en castellano y en inglés) en todos los Estados Unidos lo que es la música, especialmente la música de nuestra tradición hispana. Desafortunadamente, Suni es más conocida y apreciada en el ambiente estadounidense que en el ambiente argentino y eso no tiene nada que ver con sus méritos, sino con nuestra ignorancia. Quisiera que esta nota pueda en parte corregir esa noción, porque Suni es un orgullo argentino. Para aquellos que aman nuestro folclore, para aquellos que quisieran conocerlo y amarlo, para aquellos que quieren atesorar una joyita digna de preservación (como lo hizo el Instituto Smithsoniano) y como dice el Evangelio: “para todos los hombres de buena voluntad...” que quieren escuchar “música con conciencia”, escuchen a Suni.

REVISTA ARGENTINA SUPLEMENTO DEL 21 DE AGOSTO DEL 2006

 

 

 

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